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Últimamente me despierto sudando. Y lo que es peor: cuando ya estoy despierta, mi mente me juega malas pasadas, haciéndome sentir un pánico que no recordaba desde los peores años...No hago más que pensar en mi fracaso amoroso, en la vergüenza y la furia latentes que aún me quedan. Para colmo, estoy pensando en David otra vez. Discuto mentalmente con él; estoy furiosa y sola y recuerdo todas las maldades que me dijo o hizo.
Además, no puedo dejar de pensar en la felicidad que vivimos juntos, en la delirante emoción de los buenos momentos. Tengo que controlarme para no levantarme de esta cama de un salto y llamarlo desde la India en mitad de la noche para -no lo tengo muy claro- acabar colgándole el teléfono probablemente. O rogarle que vuelva a quererme. O leerle una acusación feroz donde enumero todos los defectos de su carácter.

¿Por qué estoy acordándome de este tema otra vez? Ya sé lo que me dirían todos los veteranos del ashram. Me dirían que es perfectamente normal, que todo el mundo pasa por esto, que la meditación profunda lo hace aflorar todo, que sirve para librarte de los "demonios residuales"... Pero estoy en un estado tan sensible que no me da la gana de tragarme todo esto y me resbalan las típicas teorías hippies de esta gente. Ya me doy cuenta de que me aflora todo, muchas gracias. Como me afloran las ganas de vomitar. Igual.

Me paso todo el día tan furiosa y llena de odio que temo por la vida de cualquiera que se me cruce en el camino. Le doy un bufido a una pobre mujer alemana que no habla bien inglés y no me entiende cuando le digo dónde hay una librería. Me avergüenzo tanto de mi ataque de furia que me escondo en un cuarto de baño (¡otro!) donde rompo a llorar, pero me indigno conmigo misma por llorar, porque la gurú me ha dicho que debo procurar no venirme abajo sin parar para no convertirlo en una mala costumbre.

No quiero que nadie me dirija la palabra. Ahora mismo no soporto ver la cara de nadie. Hasta logro dejar plantado a Richard el texano, pero a la hora de cenar me ve y se sienta -el muy valiente- en mitad de mi nube negra de autofobia.

-¿Por qué estás tan rarita? -me pregunta, hablando con un palillo en la boca, como siempre.
-Qué te importa -le digo antes de contarle todo, de principio a fin, acabando con: -y lo peor es que me he vuelto a obsesionar con David. Creía que se me había pasado, pero no hago más que acordarme.
-Date seis meses más -me aconseja-. Y ya verás como se te pasa. 
-Ya me he dado doce meses, Richard.
-Pues date seis meses más. Suma meses, de seis en seis, hasta que se te pase. Estas cosas llevan tiempo. 
Resoplo sonoramente por la nariz, como un toro.
-Glotona, escúchame -me dice Richard-. Un día de éstos vas a recordar esta época de tu vida como un dulce momento de tristeza. Entenderás que, estando de duelo y teniendo roto el corazón, estás en el mejor sitio posible para cambiar tu vida. En un hermoso lugar dedicado a la devoción y en un estado de gracia. Vive este momento minuto a minuto. Deja que las cosas se arreglen solas aquí, en la India.
-Pero es que lo quería de verdad. 
-Pues mira qué bien. Querías a no sé quién. ¿No sabes cómo funciona ese tema? El tipo ese te ha tocado una parte del corazón que ni sabías que tenías. Vamos, te ha dejado tocada, nena. Pero ese amor que has sentido no es más que el comienzo. Casi ni lo has probado. Es sólo un amor mortal, pobre y chapucero. Ya verás como eres capaz de amar mucho más profundamente. Caramba, Glotona, un día llegarás a querer al mundo entero. Éste es tu destino. No te rías. 
-No me estoy riendo -le dije, llorando-. Y, por favor, no te rías de mí, pero creo que no consigo olvidarme de este tipo porque estaba convencida, en serio, de que David era mi alma gemela.
-Y probablemente lo fuera. Lo que pasa es que no sabes lo que eso significa. La gente cree que un alma gemela es lapersona con la que encajas perfectamente, que es lo que quiere todo el mundo. Pero un alma gemela auténtica es un espejo, es la persona que te saca todo lo que tienes reprimido, que te hace volver la mirada hacia dentro para que puedas cambiar tu vida. Una verdadera alma gemela es, seguramente, la persona más importante que vayas a conocer en tu vida, porque te tira abajo todos los muros y te despierta de un porrazo. Pero ¿vivir con un alma gemela para siempre? Ni hablar. Se vive demasiado mal. Un alma gemela llega a tu vida para quitarte un velo de los ojos y se marcha. Gracias a Dios. Pero a ti no te da la gana soltarlo. Esa historia se acabó, Glotona. La función de David era darte una sacudida, sacarte de ese matrimonio que no funcionaba, machacarte un poco el ego, hacerte ver tus obstáculos y adicciones, romperte el corazón para que te entrara luz y desesperarte y hacerte descontrolar tanto que no te quedara más remedio que cambiar tu vida y luego presentarte a tu maestra espiritual y largarse con viento fresco. Ese era su cometido, y lo ha hecho a la perfección, pero ya se acabó. Y a ti no te da la gana archivarla como una relación corta y punto. Eres como un perro en un basural. Vas a chupar una lata a ver si le sacas algo de alimento. Como que sigas así, se te va a quedar el hocico metido en la lata y lo vas a pasar mal. Así que olvídate del tema. 
- Es que lo quiero. 
- Pues quiérelo. 
- Es que lo echo de menos.
- Pues échalo d menos. Mándale luz y amor cuando te acuerdes de él y olvídate del tema. Te da miedo deshacerte de los últimos trocitos de David, porque sabes que te vas a quedar muy sola y a Liz Gilbert le da pánico plantearse lo que le puede pasar si se queda sola. Pero tienes que entender una cosa, Glotona. Si liberas el hueco que tienes dedicado a obsesionarte con este tipo, te va a quedar un vacío en la cabeza, un espacio abierto, una puerta ¿Y a que no sabes lo que va a hacer el Universo con esa puerta? Pues entrar por ella. Dios va a entrar a ti y te va a llenar de un amor que no has visto ni en tus mejores sueños. Deja de usar a David para bloquear esa puerta. Olvídate de ese tema. 
- Pero me gustaría que David y yo... 
- ¿Lo ves? Eso es lo malo que tienes -me interrumpe-. Te gustan demasiadas cosas. Menos "gustar" y más "buscar", nena, que vas de culo y cuesta abajo. 
Esa frase me hace soltar la primera carcajada del día. 
-Pero ¿cuánto voy a tardar en dejar de sufrir?- Pregunto a Richard. 
-¿Quieres que te dé una fecha exacta? 
-Sí. 
-¿Qué quieres? ¿Marcarla con un círculo en el calendario? 
-Sí. 
-Te voy a decir una cosa, Glotona. Eres una manipuladora obsesiva. 
La furia que me produce esa frase me consume como el fuego. ¿Manipuladora obsesiva? ¿Yo? No sé si dar a Richard una bofetada en respuesta por semajante insulto. Y entonces, de las profundidades de mi furia ofendida brota la verdad. La verdad inmediata, evidente y cómica. 
Tiene toda la razón.
 La furia me abandona tan velozmente como había llegado. 
-Tienes toda la razón- le digo.
-Sé muy bien que tengo toda la razón, nena. Mira, eres una mujer fuerte, que está acostumbrada a salirse con la suya y, como en tus últimas historias de amor no te has salido con la tuya, te has quedado atascada. Tu marido no hizo lo que tú esperabas de él y David, tampoco. Por una vez en la vida las cosas no salieron como tú querías. Y si hay algo que desquicia a una manipuladora es que las cosas no le salgan como ella quiere. 
-No me llames manipuladora, por favor. 
-Eres adicta al control, Glotona. Dale ¿Nadie te lo ha dicho nunca, o qué? (Pues... sí, la verdad. Pero cuando te estás divorciando de un tipo, al final dejas de hacer caso a todos los insultos que te dice.) Así que me callo y admito. 
-De acuerdo, puede que tengas razón. Es posible que sea adicta al control. Lo que me sorprende es que te hayas dado cuenta. Porque no creo que se me note tanto. Vamos, la mayoría de la gente no se da cuenta con sólo verme. 
Richard el texano suelta una carcajada tan grande que casi se le cae el palillo de la boca.
 - ¿Ah, no? Nena, ¡hasta Ray Charles se daría cuenta! 
-Bueno, pues ya no quiero hablar del tema, gracias.
-A ver si aprendes a dejar que las cosas pasen tranquilamente, Glotona. Como que sigas así, te vas a enfermar de verdad. No vas a volver a dormir bien en tu vida. Te vas a pasar las noches dando vueltas en la cama recriminándote por ser un desastre. ¿Qué me pasa? ¿Cómo es posible que no me vaya bien con ningún tipo? ¿Por qué me salen las cosas tan mal? A ver, confiésamelo. Seguro que anoche te pasaste las horas muertas pensando justo eso.
-Oye, Richard, para ya -le pido-. A ver si dejas de pasearte por mi cabeza. 
-Pues cierra la puerta, entonces -dice mi gran yogui el texano.

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