Es una suerte

Si una persona amada comete con nosotros una traición, un acto de maldad insoportable, el dolor es menor que si el acto fuera perdonable. Es decir, para decirlo de otro modo, si a mí me va a abandonar una persona, prefiero que sea malísima. Porque en ese caso, muy pronto dejará de dolerme.
Cuando el grado de la traición o de la diferencia que produce lo que podríamos llamar la ruptura es de un grado de estupidez, de intolerancia, de maldad, de malevolencia, de vulgaridad, que es insoportable, ya uno deja de sufrir y ya no lo desea. Pero no porque esté enojado, yo jamás me enojé con nadie, sino porque la pasión se apaga. La pasión, ante la malevolencia y la estupidez, se apaga.

El engaño a veces cura un mal amor. A veces mejor que el olvido, mejor que el tiempo, es una bajeza cometida por la persona amada que la desacredita completamente y la aleja de nuestro deseo. Una persona que comete bajezas vulgares, ya no puede ser deseada, no puede ser idealizada.
Otras veces no sucede ésto; a veces hay amores tan pertinaces...

Uno puede llegar a pensar que hay conducta y que hay ser. Y que uno es por un lado, y a veces hace cosas que no están de acuerdo con ese ser. A mí me parece demasiado pensar. Pero tantas cosas raras he visto que también he visto personas nobles arrastradas a una conducta innoble, vaya a saber por qué razón.

Acá hay algo importante: No debe confundirse la parte con el todo y no siempre una sola actitud demuestra todo lo que una persona es.

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