Tú, yo y todos los demás

Todo está relacionado con todo, pero nunca en lo que se visualiza sino en lo que se esconde.

No hay historias autónomas, sino que la autonomía es la pretensión de un individualismo que impone un relato único y hace al resto girar cual satélites sin importancia. En todo caso, el universo mismo es un conjunto de astros a la deriva donde lo que primero aprendemos es a vernos como una gran red que se expande en la interrelación de todos con todos.

En el fondo todos somos esos “todos los demás”, ya que a todos nos pasa lo mismo, todos sufrimos de lo mismo, o mejor dicho, a todos nos afecta una misma cosa: la soledad, la dificultad de salirnos de nosotros mismos para vincularnos con el otro. Todas las historias, algunas más divertidas, otras más duras y otras más provocativas, no dejan de ser una reflexión sobre esa tensión entre nuestro deseo de amar y nuestra imposibilidad de despojarnos de nuestras limitaciones.

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