El ahora y el mañana sin duda pueden ser más claros

Y ahí estaba... de nuevo a merced de mis miedos.
Algunos eran reales, tangibles, conocidos. Otros, en cambio, eran tan difíciles de explicar que mejor negar.

Pero los fantasmas del pasado no desaparecen sólo porque los neguemos. No. Los fantasmas empiezan a diluirse cuando nos aferramos con todas nuestras fuerzas a lo que está vivo. Porque lo que está vivo, es lo único que tiene la posibilidad de cambiar.
Ése es el problema con los muertos... que nunca, nunca van a cambiar.

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